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Solomon Burke & De Dijk - Hold On Tight (2010)

Nunca lo supo, pero el legendario Solomon Burke grabó su último trabajo en Bruselas y con una banda holandesa justo un año antes de su muerte. Caprichos del destino... En efecto, el 10 de octubre del año pasado murió en el aeropuerto de Amsterdam donde iba a actuar junto al grupo De Dijk precisamente para promocionar este trabajo.

Y es que el álbum fue editado en Europa antes de su fallecimiento -llegando a ser disco de platino- pero curiosamente nunca llegó a publicarse en Estados Unidos Ahora el sello Verve Forecast recupera el master y esta misma semana acaba de poner a la venta una reedición del disco. ¿Una extraña pareja? De Dijk es una veterana banda compuesta por ocho miembros que pueden considerarse la quintaesencia del rock and soul en ese país y que pudieron cumplir su sueño de compartir escenario con el rey en el año 2007. La amistad surgió entre ambos lo que posibilitó profundizar la colaboración grabando estos once temas (en sólo seis días) en los ICP estudios de Bruselas con su venerado héroe versioneando en inglés viejos temas de éxito compuestos por la propia banda. Estrellas en su país, razonablemente capaces, se dejan arrastrar por la autocomplacencia, por su fervor hacia una leyenda de la música, fusionando el sonido de una vieja banda de soul/blues/hard rock con la arrogancia, el tono declamatorio de la voz de un artista que se mantuvo hasta el final como el Rey del Rock & Soul. No es una obra maestra al fin, como toda su trayectoria artística presenta sus luces y sombras, resulta digno e interesante pero hubiera preferido otro final para un artista legendario cuya voz siempre nos hablaba con el lenguaje del corazón y del alma pero que en los últimos años se mostraba muy debilitada víctima del sobrepeso y sus problemas de salud. De todas maneras, ¡¡Larga vida al rey!!

Solomon Burke - Sermones de soul

Desde su regreso en el año 2002 con Don't Give Up On Me, se ha presentado como un artista capaz de trascender cualquier género. Formando equipo con cuatro renombrados productores ha editado cuatro discos eclécticos en los que explora rock, pop o country. Su interpretación extemporánea, como si de un predicador se tratara, ha permitido arrojar una nueva luz, a menudo sorprendente, sobre estas canciones, a la vez que nos regalaba con algunos de los mejores momentos de su carrera.

Su resurrección artística es digna de estudio, lo habitual es que estos genios acaben su trayectoria cantando sus éxitos de siempre en cualquier local de Las Vegas. No es su caso, ha sabido rodearse de lo mejor para dar una adecuada salida a esa hiperactividad que aparenta sufrir, sólo directamente proporcional a lo mayor y orondo que se está poniendo. El pasado mes de abril, editó Nothing’s Impossible, lo que supone una vuelta a sus raíces, al rock influido por el soul sureño con influencias gospel. Bajo la producción del legendario Willie Mitchell (fallecido a principos de año) forma un tándem sólido y vibrante que ha funcionado estupendamente. Y no es fácil encontrar el productor adecuado en los tiempos que corren teniendo en cuenta que el bueno de Solomon se curtió trabajando con gente de la talla de Jerry Wexler y Berns Bert. Mitchell ha revivido con acierto esa fórmula de los inicios de Solomon con la presencia atronadora de la sección de metales, del órgano y la sección rítmica de cuerda, un sonido respetuoso con la tradición pero correctamente actualizado. La voz de Solomon resuena como siempre imperial, mágica a pesar de los achaques de la edad. Nadie tiene en estos momentos su poderío vocal y su habilidad interpretativa, como si de un sermón se tratara, alargando cada letra, deletreando cada palabras y frase.

Este disco supone también la vuelta de Solomon como compositor, escribiendo (junto a Willie) la mayoría de los doce temas incluídos en el disco. Aunque su intuición y poderío vocal serían capaces de emocionarnos hasta con el material más mediocre, lo cierto es que precisamente la evidente insuficiente calidad de los temas incluidos dificulta sostener de manera adecuada el peso del álbum, que a la postre resulta un tanto plano. En todo caso, Solomon puede cantar lo que quiera, es una fuerza de la naturaleza, pero cuando se desliza hacia sus raíces del soul, su potente barítono resulta conmovedor, imperial, poderoso y convincente. Con esos estupendos arreglos instrumentales y una espectacular voz capaz de elevar a las alturas cada canción es suficiente garantía de que la música penetrará en tu corazón y alma. Y es que en el trono sólo se pueden sentar los más grandes, The King of Rock 'n' Soul.

Solomon Burke: Sentado en su trono

Aunque Solomon Burke alcanzó algunos éxitos en la década de los sesenta ("Proud Mary", "Just Ouch of Reach Of My Open Arms" o "Cry To Me") nunca ha conseguido tener un gran impacto sobre el público en general, tal y como lo lograron sus coetáneos Sam Cooke y Otis Redding. No importa, se le considera uno de los artistas pioneros, más influyentes para la música soul, una de las grandes voces del siglo XX... el rey del Rock and Soul. Su combinación de gospel, rock y, especialmente country, sus melódicas baladas, en otras ocasiones sus canciones llenas de ritmo y su emotivo fraseo de las letras le convirtieron en una figura de referencia del género.

Durante la década de los 80 y 90 permaneció fiel a su estilo, alejado de la audiencia pop y de las ventas masivas, más próximo al gospel, pero manteniendo intacto su estatus como leyenda viva de la música soul. Su carrera resucitó de algún modo en 2002, con la publicación de Don't Give Up On Me, donde interpreta las composiciones escritas especialmente para el álbum por auténticas leyendas de la música como Bob Dylan, Brian Wilson, Van Morrison, Elvis Costello y Tom Waits y que le supuso un tardío pero merecido Grammy. En septiembre de 2006, Burke volvió a sus raíces country con la publicación de Nashville, producido por Buddy Miller. En el que aparecen como voces invitadas nada más ni nada menos que Emmylou Harris, Dolly Parton, Patty Griffin, Gillian Welch y Patty Loveless. El pasado 10 de junio el artista de Pensylvania publicó su último trabajo Like a Fire, su segundo disco en el sello discográfico Shout Factory. En su nuevo álbum persiste en la fórmula, es decir se rodea de un elenco de grandes compositores y músicos para que ajusten como un traje a medida sus canciones a las portentosas capacidades de sus cuerdas vocales. En esta ocasión ha contado con la labor de producción de Steve Jordan (que ha trabajado entre otros con Bob Dylan o Stevie Wonder)y que además ha compuesto tres temas del disco; figuran asímismo Eric Clapton, Ben Harper, Jesse Harris o Keb' Mo que colaboran componiendo y prestando sus voces.

A pesar de la pléyade de nombres referidos, todos ellos consumados profesionales vinculados de una u otra forma con el blues, el disco nos ha resultado decepcionante, descafeinado. Han construido un telón de fondo elegante para la voz de Solomon, un disco amable, cortés, hecho con buen gusto ciertamente y que se puede disfrutar en familia una soleada mañana de domingo. Nada que ver con la fuerza, con la verdad, con el poder o con la emotividad del blues y del soul que nos hacen vibrar atravesando nuestro corazón y nuestra alma. Afortunadamente, como uno de las grandes maestros de la historia del soul que es, su rendimiento en el disco nos impide aburrirnos en exceso, todavía mantiene en forma espléndida sus cuerdas vocales y es capaz de encontrar -como quizás nadie o muy pocos saben hacer- resquicios suficientes entre este material que, en ocasiones, rebosa vulgaridad para deleitarnos con su espléndida y potente voz. A sus 68 años, sentado en su trono (literalmente, su excesivo peso le limita seriamente la movilidad -ver video en directo-) el rey del Rock and Soul no necesita confirmar lo que todo el mundo sabe: su enorme talento y maestría vocal. Mientras otras leyendas del soul como Al Green han sabido reconducir su carrera a tiempo; en el caso de Solomon Burke lamentablemente las compañías discográficas se empeñan en obtener fáciles beneficios a costa de utilizar la fórmula tan manida de emparejarlo con artistas contemporáneos que, siendo sinceros, en este caso no le han hecho ningún favor a nuestro admirado artista.

 
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