Para un admirador incorregible de este artista como yo mismo, escribir un post -que por cierto hace el número 500- en el que se revise su último trabajo puede resultar al final en un simple e inútil ejercicio onanísitico para mayor gloria del afamado guitarrista (y aunque menos valorado, también gran vocalista). Sin embargo, no soy persona de adhesiones inquebrantables hacia un artista, cierto es que le admiro profundamente por todo su talento y capacidad pero huyo del fanatismo (fan): esa pasión exacerbada, subjetiva e irracional que en demasiadas ocasiones cae en el delirio o el dogmatismo.
Así que aquí me tenéis, fiel a mis principios y tratando de comentar el último trabajo de uno de mis artistas preferidos de siempre (así lo atestigua la cantidad de discos que llevan su firma en mi modesta discoteca) con la máxima objetividad posible. Guitar Man nos ofrece lo que el título indica, un álbum en el que George da cumplida muestra de todo el virtuosismo musical que atesora, quizás más que cualquier otro disco en las últimas décadas. Una colección de doce canciones, todas ellas versiones de temas clásicos- a medio camino entre el jazz y el pop- y rodeado por un grupo de músicos de estudio verdareramente excepcional: Joe Sample al piano, en los teclados David Garfield, Harvey Mason a la batería y el gran bajista Ben Williams reunidos en el estudio de grabación con un mínimo de tiempo de ensayo previo, al más puro estilo de la vieja escuela. Otro gran disco de una leyenda viva.


